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Todo devoto nuevo debería conocer estas historias, para entender en dónde se está metiendo.

A mí nadie me dijo que mi maestro espiritual, que parecía absolutamente célibe de cuerpo y mente, originalmente había sido nombrado sannyasi porque tenía novias.

El siguiente texto fue escrito por Pepe Rodríguez, un escritor español especializado en sectas.

Armas y gánsteres

Algunos devotos realmente llevaban drogas y armas en sus bolsas de japa. La venta de drogas y la fascinación por las armas era desenfrenada en ciertos círculos de ISKCON y en el resto del movimiento. Es algo sorprendente porque los devotos se presentan como personas no violentas. Yo había visitado el templo de Berkeley pero solo había sentido vagamente la oscuridad que el periodismo de investigación luego sacaría a la luz. El guru Hamsadutta y su banda de gángsters alemanes dirigían el templo como Roma en sus últimos días. Todas las chicas que iban al aeropuerto a vender libros tenían que dormir con los líderes, incluido el guru. La importación ilegal de autos alemanes, el uso de drogas, la compra de armas y el rock and roll eran los puntales de la vida en el templo (pág. 68).

Otros templos tenían armas, algunos incluso las almacenaban, pero generalmente las armas eran todas legales. Las leyes de tenencia de armas en Estados Unidos permite que cualquier grupo posea sus propias armas al estilo militar. Incluso algunos devotos del templo de New Vṛndāvan (Virginia Occidental) y del templo de la ciudad de Berkeley (California) terminaron siendo vendedores de armas con licencia nacional (pág. 82).

Desprogramación

La desprogramación que un agresivo método terapéutico que se utilizaba en los años setenta y ochenta para sacar a un devoto de la secta.

―¡No me beses, que me vas a contaminar! ―le espetó Jordi Belil a su madre karmi (o sea, ‘pagana’, ‘que realiza actividades [materiales]’) la primera vez que se la encontró después de hacerse hare krishna.

Antes de su experiencia sectaria, Jordi había tenido siempre una buena relación con sus padres, hermanos y amigos; durante su experiencia sectaria los repudió absolutamente a todos. Luego de escapar de la secta volvió a recuperar estas relaciones.

Si yo no hubiera sido desprogramado jamás hubiese salido de los hare krishna. Ya afuera, con todo a mi favor, tardé más de un año en volver a ser una persona normal y corriente. La experiencia sectaria me produjo un cambio total de actitudes. El haber estado dos años con la percepción bloqueada quizá me ha obligado a revitalizarme, a ser más perceptivo y disfrutar más de lo cotidiano. La herencia de mi paso por la secta es haber aprendido inglés, ser más moderado, o menos extremista, ser más diplomático y cínico en el trato con la gente y haber archivado la poca o mucha timidez que todos tenemos.

Recaudación de dinero

―En la maratón de Navidad de 1980 ―afirma Jordi Belil, exjefe de sankirtan (literalmente ‘completa glorificación’: venta de libros y revistas del grupo) de hare krishna― se recaudaron, en veinte días, en Madrid, Barcelona, Canarias, Valencia y Zaragoza, unos 17 millones de pesetas.

Por los mismos días, en Francia se obtuvieron unos 100 millones de pesetas. En ambos países se pedía el dinero yendo vestidos de Papá Noel y sin decir que eran de la secta. Al adepto que no hacía más de 20 000 pesetas diarias se le decía que estaba en maya (‘ilusión’), en el mundo ilusorio, apartado del mundo real, el mundo espiritual de Krishna.

En aquella época, según este y otros testigos, un buen adepto recaudaba una media de entre 20 000 y 30 000 pesetas por jornada, en días normales. Y mucho más si actuaba en ferias o aeropuertos.

La calle es una verdadera mina de oro para las sectas, y nunca se imaginará hasta qué punto es exacta esta afirmación. Moneda a moneda, pasando larguísimas jornadas abordando a centenares de personas, sin desmayo, con la fuerza de quien se sabe un cruzado salvador, se amasan increíbles fortunas.

Cuando estaba haciendo el servicio militar, en Ceuta, no me perdía ni una clase de manejo de armamento. A todos mis compañeros les importaba un rábano las explicaciones del instructor, y yo, el monje pacifista, anotaba hasta las más pequeñas cuestiones. Mis líderes me habían encargado que aprendiera mucho sobre armas ya que después debería instruir a los otros devotos sobre su manejo. En varias ocasiones, en las prácticas de tiro, estaba a punto de disparar con la pistola y pensaba en el cliché, en lo fácil que era matar a un hombre y que, en realidad, no había ningún mal en ello ya que solo se mataba un cuerpo, pues su alma quedaba libre. Me resulta muy difícil aceptar que yo, que toda mi vida había sido incapaz de pisar un insecto, hubiera pensado entonces tales monstruosidades.

Cuando yo estaba en la secta, veía ―lo veíamos casi todos― que había líderes que cometían delitos más o menos graves, pero nos parecían actos de amor a Krishna, y hasta colaborábamos en ellos, ya que todos nosotros lo analizábamos a través del cliché [la frase anterior] que nos habían machacado.

Los responsables de la secta siempre enseñan a algunos devotos de confianza a falsificar sus firmas. Cuando hay que firmar algún documento o cheque comprometido, es el adepto y no el líder el que lo rubrica. Si surge algún problema, se denuncia la falsificación y caen las culpas sobre el devoto. A mí me enseñaron a imitar diversas firmas de lideres y con ellas firmé bastantes cheques, que no sé para qué eran. El banco nunca protestó por la diferencia evidente que había y pagaba los cheques. Esto era práctica habitual de la secta en todo el mundo [al menos hasta 1981, fecha en que Belil abandona la secta].

Los hijos en los hare krisna

Todo buen devoto ―comenta Verónica Molina―, cuando su hijo empieza a razonar, le impone ya el uso de la japa [rosario de 108 cuentas por cada una de las cuales hay que recitar el mahā-mantra Hare Krishna, Hare Krishna, Krishna Krishna, Hare Hare, Hare Rāma, Hare Rāma, Rāma Rāma, Hare Hare. Hay que hacerlo un mínimo 16 «rondas» completas eso es, 1728 veces] y, a partir de los once o doce años, ya cantan las 16 rondas y toman la iniciación.

El suicidio en los hare krisna

En 1975, Rosa María M., amiga personal del autor (Pepe Rodríguez) le contó lo siguiente:

Yo llevaba casi dos años en hare krishna estaba en un templo holandés. Una tarde, el presidente del templo le pegó una tremenda reprimenda a una compañera por una cuestión de recaudación de dinero. La humilló hasta hacerla llorar. En un momento dijo que las mujeres no éramos dignas de estar sirviendo a Krishna. Mi compañera protestó, pero el resto de devotos que estábamos en la sala permanecimos callados, recitando el mantra con la japa (el rosario de cuentas). No recuerdo muy bien toda la escena, pero el devoto mayor le acabó diciendo que si de verdad se creía digna de Krishna, que se tirase por la ventana. Ella sin dudarlo lo hizo. Se destrozó contra el suelo. A la policía se le dijo que la chica se había suicidado porque tenía muchos problemas personales. Nunca entendí del todo lo que pasó allí, todo me quedó como en una nebulosa. Tardé muchos meses en reaccionar, pero al final dejé la secta y regresé a España.

Gurukula (escuela de pupilos hare krisna)

Una anécdota bien clarificadora la vivió Ramón Farré (periodista de TV3) cuando, en diciembre de 1985, se encontraba grabando un reportaje en la finca que los hare krishna tienen en Brihuega (Guadalajara). En un descanso, Farré le preguntó a una niña de pocos años:
―¿Cuál es el programa de televisión que más te gusta?
―El de Gurudeva ―contestó la criatura con rapidez y convicción.
El periodista no entendió la respuesta pero la almacenó en su memoria pensando que habría algún nuevo personaje infantil con ese nombre. Pero la realidad era muy distinta. Aquella niña, como el resto de sus compañeros, no veía programas de televisión sino solamente los videos de la secta en los que aparecía, adoctrinando o siendo adorado, su líder Bhagavan Goswami, venerado como Gurudeva (‘maestro divino’). A aquella niña no le importaba que todas las cintas estuvieran en inglés. Las imágenes y la persona de su Gurudeva eran todo su mundo.

Cómo ser padres hare krisna

Comenta M. Delpiano (en su informe fechado el 7 de julio de 1979, Delpiano había sido educadora de niños antes de pasar cinco años como devota de la secta hare krishna en Francia).

Todo el mundo sabe que, después del matrimonio (decidido por el guru o el presidente del templo), el marido puede ser enviado por un lado y la mujer por el otro. Si hay niños, serán criados por la mujer o dejados a cargo del gurukula. En la mayor parte de los casos no se puede hablar de formación de una familia, en todo caso, es muy difícil y el matrimonio se cuestiona con frecuencia. La mujer se las tiene que arreglar sola. El padre, en realidad, no juega ningún papel de tutor en ningún nivel. Él está siempre al servicio del templo, así como la mujer, que a menudo se encuentra dividida entre el servicio al templo y la custodia de los niños. Esto ocasiona frecuentes situaciones graves para los niños, que no tienen un medio familiar sólido y, a menudo, son dejados a su suerte. Una niña de 10 años les dijo a sus padres: «Realmente ustedes no pueden hacer nada por mí, solo Gurudeva puede hacer algo».

El gurú europeo Bhagaván y los niños

El cuadro, quizá, puede ser resumido por la frase que otra niña, de 5 años, le dedica a Bhagavan Goswami (ahora huido, junto a uno de los maestros espirituales de España y sendas jovencitas, y con buena parte de las cuentas bancarias de la secta en Suiza) para testimoniarle su devoción y sumisión.

(En el libro de testimonios, dados en la ceremonia del 16 de julio de 1978, en honor de Bhagavan Goswami que edita anualmente la secta. [Citado de The Most Blessed Event. Sri Vyasa-Puja. París: Editions Bhaktivedanta, 1978], capítulo «Homages from Gurukula Children», pág. 6.):

Mi querido Gurudeva, aceptad mis obediencias[1]

Yo os quiero porque vos sois mi guru y porque sois muy, muy serio. A mí me gusta haceros regalos tales como flores; me gusta veros porque vos sois hermoso y amable. Me gusta veros en vuestra habitación y adoraros junto con los otros de la escuela. Me gusta daros dulces. Yo conservo todos vuestros regalos, tales como flores. Raghunatha [4 años de edad] y yo haremos un libro. Vos sois mi guru y debéis decirme lo que es preciso que yo haga por vos. Vuestro sirviente,
Chaitanya Dās Brahmachārī

Para estos niños, como para otros muchos jóvenes adeptos de las sectas de todo tipo, su único padre, con todo lo que ello conlleva, es el líder del grupo. La ingenuidad formal del testimonio anterior deja traslucir la quintaesencia de un ser humano condenado a un futuro incierto.

Familia: una enfermedad de la piel

En la secta hare krishna las cosas tampoco van mucho mejor para los menores, que la mayor parte del tiempo viven alejados de sus padres y deambulan a su aire por la comunidad, confiados al cuidado de un grupo que está mucho más pendiente de sus innumerables deberes devocionales para con su dogma ―y obligaciones para con sus líderes― que de las necesidades afectivas y materiales que tienen los niños.

Srila Prabhupada, líder de los hare krishna (1896-1977), decía: «Las relaciones familiares no son más que una enfermedad de la piel». Se refiere a que las relaciones entre padres e hijos son afectos materiales externos temporales, que realmente no competen al alma espiritual eterna. Probablemente se refería a la relación que él tuvo con su propia familia.

Cómo vivían los niños en las escuelas hare krisna

Escribe el periodista Jean-Michel Brigouleix, en un reportaje sobre los niños de la secta hare krishna durante los años setenta (actualmente no se los trata así), del que extractamos algunos párrafos:

Los niños viven en comunidad, en un ashram separado del de sus padres. A las 4 de la madrugada son despertados por el preceptor. Aseo minucioso: los futuros devotos se visten con música (la música rítmica y monótona que usa la secta para ayudar a pensar en Dios). Dirección: el templo, para la primera ceremonia del día.

4.30 horas: a la entrada del templo, los niños se descalzan, se arrodillan y besan las losas de mármol rosa y blanco, el rostro vuelto hacia el altar.

4.35 horas: todos los devotos (cerca de doscientos) se reúnen en el templo. La música védica es difundida por los altavoces. La cortina se abre frente al altar. Las oraciones empiezan. La música de los altavoces enmudece; los cantos de los devotos llenan el templo. «Hare Krishna» mil veces repetido, cantado, bailado. La adoración: los jóvenes son los más fanatizados.

5.15 horas: los niños comen algunos quesos azucarados fabricados en el castillo.

6.30 horas: conferencia en el salón. Un devoto influyente de la secta desarrolla en público un pasaje de las Escrituras hinduistas (comentarios del Bhagavad-gita, Srimad-Bhagavatam, etc.). En el fondo de la sala, escuchando religiosamente sin hablar, las muchachas realizan tareas manuales ―son seres menos inteligentes y más lujuriosos―: confeccionan guirnaldas de flores o lustran vasos de bronce de las Deidades. Al final de la clase hay preguntas y respuestas. A veces los niños son interrogados para ver su avance en el estudio.

La escuela propiamente dicha empieza a las 9.30 horas para la cincuentena de niños escolarizados. Las clases son mixtas. Un muchacho ha trabajado bien esta mañana. Se le da el derecho de poder dibujar lo que él quiera. Sobre una página de su cuaderno se esbozan los contornos inciertos de un personaje trazado con lápiz de color verde.
―Es Krishna, el infinitamente fascinante ―explica. Llegará lejos.

13.30: almuerzo: sopa de lentejas, legumbres verdes, arroz. Acto seguido, dos horas de actividades de despabilamiento. Según el día, judo, cocina, arte textil, apicultura...

18.00 comienza la segunda serie de ceremonias y clase en el templo.

21.00 horas: todos los niños a la cama.

El propio director de la escuela védica, Maha-Bhagavata Das, reconoce ante el periodista que esto es un problema:
―Es, en efecto, un problema grave. Es cierto que nosotros educamos a estos niños con la esperanza de que permanecerán dentro de nuestro grupo. Su espíritu es desarrollado y nutrido de cultura védica. Pero si ellos lo desearan absolutamente, siempre podrán dejar la Conciencia de Krishna.

Jean-Michel Brigouleix (periodista), en un reportaje
sobre los niños de la secta hare krishna durante los años setenta

Los maestros hare krisna

―Los niños son instruidos por personas que tienen dificultades para organizar un plan de estudios ―afirma M. Delpiano, antigua adepta de los hare krishna―. Los niños aprenden de memoria los libros de «filosofía» [de la secta]. Se les enseña que la sociedad es el mal. Ellos tienen, pues, miedo de salir fuera. No salen más que para vender libros. Las chicas no tienen necesidad de aprender demasiadas cosas, simplemente leer, escribir y contar. Ellas serán casadas lo antes posible y el guru o el presidente del templo les elegirá el marido que tendrán. Cuando el padre quiere convertirse en sannyasi (renunciante) entonces ya no se ocupa más de su mujer ni de sus hijos: es la comunidad la que se encarga de ellos.

Castigos a los niños del gurukula

Denuncias de exmiembros de la secta hare krishna afirman que, en la comunidad francesa del castillo Oublaise, a una niña, por orinarse en la cama, se la obligó a beberse su propia orina; y a un niño, como método habitual cuando hace las travesuras propia de su edad, se le priva de comer y se le pone durante una hora bajo una ducha de agua fría.

Castigos físicos y descuido de los padres

En sectas como hare krishna son frecuentes los casos de castigos físicos, pero especialmente abundantes son los accidentes, incluso mortales, que afectan a menores dejados en estado de semiabandono dentro de la propia comunidad sectaria. Estos accidentes, evitables en buena medida, no dejan de ser casos claros de malos tratos.

En el informe ya varias veces mencionado, M. Delpiano refiere varios casos de accidentes de menores ocurridos en la misma comunidad hare krishna francesa.

A una niña de tres años, cuya madre, obligada a realizar un servicio para el templo, debió dejarla más o menos vigilada, se la encontró caída en un estanque y tuvo que ser reanimada y hospitalizada. Posteriormente, esta misma niña tuvo una complicación en los oídos, no se la atendió enseguida ni se le dio a su padre el dinero necesario para el tratamiento y, a consecuencia de la infección, la niña tuvo que sufrir una intervención quirúrgica. O el caso de un niño de tres años y medio al que se encontró encaramado sobre una ventana abierta del tercer piso mientras que su madre cocinaba en el sótano.

Un niño, al que no se le curó una quemadura (producida por un escalfador dejado en el suelo), tuvo que ser hospitalizado durante un mes, debiéndosele realizar injertos, etcétera. O el caso de un niño que sufrió quemaduras de tercer grado al caerse dentro de una marmita de leche hirviendo (dejada en el suelo) mientras correteaba por la cocina. O el caso de una niña con problemas, a causa de un medio familiar tan poco coherente, que fue sorprendida mientras manipulaba medicamentos en la enfermería dejada momentáneamente abierta. Al decir de todos, esa niña tenía problemas. Se supo más tarde que había muerto en la India, a donde había ido con sus padres, porque había tragado unos medicamentos. Estos son algunos ejemplos que muestran la inestabilidad e inmadurez de la comunidad que, por ello mismo, representa un peligro para los niños.

Con posterioridad a la deserción de Delpiano, en la comunidad hare krishna francesa se han seguido produciendo accidentes mortales, como el de un niño que, en la madrugada, murió abrasado mientras su madre participaba en las ceremonias matinales de la secta. En la comunidad española de la secta también son frecuentes los accidentes de menores. Uno de ellos, por ejemplo, con circunstancias familiares bastante conflictivas, murió ahogado.[2]

El manejo del dinero

Los hare krishna denominan dinero «contaminado» o «pecaminoso» al que está en poder de los «karmis» (todos los no sectarios), pero lo bautizan como laksmi ―Lakṣmī es la diosa de la fortuna, y funge como cónyuge del Señor Viṣṇu (quien es una expansión de Kṛṣṇa)― cuando cae en sus voraces manos.

La relación de los líderes hare krisna con el narcotráfico

El comisario alemán Gerd Meyer, en un informe fechado en diciembre de 1984, asegura que ciertas sectas (sin especificar nombres) utilizan drogas como la burunda, datura y tetrotoxin para asegurar la dependencia sectaria de los seguidores.

La secta hare krishna es una de las que ha estado más conectada, en el pasado, al uso interesado de algunas drogas.

Desde 1973, diferentes adeptos que dejaran la secta empezaron a informar sobre la existencia de diversas actividades de contrabando de drogas, realizado a gran escala y con el visto bueno del fundador Srila Prabhupada (quien murió recién en 1977).

El dirigente David Kulik fue detenido en Londres con unos 29 kilos de aceite de hashish.

Pero este oscuro aspecto de las actividades de los hare krishna no se empezó a tomar en serio hasta el 22 de octubre de 1977.

Aquel día, la policía de Orange Country (California) encontró a Alexander Kulik, ayudante de Srila Prabhupada, durmiendo en un aparcamiento de coches dentro de un automóvil Stutz Blackhawk (valorado en más de 60 000 dólares), con más de un millón de dólares en heroína, escondida en bolsas de papel debajo del asiento trasero del coche.

En el otro lado de la ciudad, horas antes, un traficante de drogas, Steven Bovan, había muerto ametrallado cuando salía de un restaurante. La policía no tardó en detener a tres miembros de la mafia, autores materiales del homicidio, y Kulik y seis de sus socios ―todos ellos devotos hare krishna― fueron acusados de haberlos contratado para el asesinato. Este tal Bovan, rival de Kulik en el negocio de la droga, realizado a través de «Prasadam Distributing», había secuestrado previamente a Kulik y le había cobrado cien mil dólares para liberarlo.

A pesar de que la secta, como siempre hace en estos casos, negó su vinculación actual con los acusados, durante eI juicío salíó a relucir una carta personal de Srila Prabhupada, fechada nueve meses antes de las detenciones (y cuando el contrabando de droga ya llevaba años en marcha), en la que saludaba a los detenidos por sus nombres de pila, les felicitaba por haber montado Prasadam Distributing y les aconsejaba: «Ya no hace falta que se metan en nada ilegal. Krishna les ha dado suficiente dinero, desde ahora gánenlo por medios legales».

Alexander Kulik había viajado por todo el mundo en calidad de recolector personal de fondos para Srila Prabhupada y, según sus declaraciones, había entregado al santo fundador de los hare krishna más de dos millones de dólares procedentes del narcotráfico.

Pocos meses después de este caso, otros ocho adeptos de la secta fueron detenidos por formar parte de una banda de tráfico de aceite de hashish a gran escala. Uno de los detenidos, Christopher Richard ―alias Ṛṣabhadeva Dās Adhīkarī, había sido presidente del templo hare krishna en Laguna Beach (Florida).

Por aquellos días, y al menos hasta 1981, tal como documentan trabajos periodísticos como el de Alan MacRobert, que hemos citado, y otros de la época, abundaron las detenciones de miembros de hare krishna implicados en diversos negocios de tráfico de drogas. Algunos líderes de la secta, como Gregory Martin Gottfriend, alias Guru Kripa Das (tenido dentro de la secta como uno de los más grandes ejemplos de santidad y servicio devocional a Krishna) fueron detenidos y encarcelados en Europa. El guru Gottfriend ha estado implicado en diversidad de delitos en Japón y otros países. Él y otro devoto fueron encarcelados en Ámsterdam cuando intentaban pasar dos kilos de heroína por el aeropuerto.

Se evalúa en unos cincuenta millones de dólares el valor de la droga incautada a miembros de los hare krishna, en esos días, por las diferentes policías del mundo.

Uso de drogas en los hare krisna de España

En España, según testimonio de exadeptos, esta secta estuvo involucrada en tráfico y uso de drogas a finales de la década de los setenta.

―Eran gente que llevaba más de cinco años en el movimiento ―afirma José A. (en entrevista personal [noviembre de 1978]. José A. fue devoto de los hare krishna durante unos dos años)―, todos ellos eran extranjeros que pasaban por Barcelona y luego se volvían a Londres. Por lo general, iban a Canarias, Marruecos y Argelia y siempre tenían Marsella como punto de destino. Cuando me contaba esto, Pramana Swami (Manuel Muñoz) siempre me decía que en Marsella había gente muy interesada en nuestros libros místicos. Por otra parte, uno de los líderes, Dharmananda Das ―un argentino hijo de un militar nazi huido de Alemania después de la Segunda Guerra Mundial―, me dijo en diversas ocasiones que se podía poner hashish o marihuana en la comida de los nuevos devotos para aplacarlos y hacerles entrar en un sopor místico.[3]

Por aquellos días, había adeptos de la secta que se drogaban y era frecuente ver a algunos de los líderes, disfrazados y con peluca, correrse juergas nocturnas en bares como el barcelonés El Tobogán.

Con posterioridad, los casos de pequeño tráfico de drogas, realizado por adeptos de Krishna, siempre se han hecho de modo privado y para beneficio particular; especialmente como modo de lograr dinero para abandonar la secta o para ganarse la vida después de dejarla.

Casamientos forzados

También en la secta hare krishna, tal como se reconoce, en sentencia judicial firme, en la primera anulación de matrimonio civil que tuvo lugar en España, los adeptos son casados por el líder al margen de su propia voluntad.*

  • La sentencia de 13 de octubre de 1982, del Juzgado de Primera Instancia e Instrucción de Guadalajara (España), Autos 432/81 por nulidad matrimonial entre Jordi Belil y Josefa Mariscal, en su séptimo considerando, afirma que: «Por todo lo expuesto [sus vidas en el seno de la secta] entendemos que existe la causa alegada de nulidad por falta de consentimiento matrimonial que no puede bastar para estimar este como la expresión de una afirmación cuando en aquel momento era incapaz de entender y de querer dada su despersonalización, el actuar como un autómata, sin poseer los resortes críticos necesarios para valorar y aceptar un acto de tanta trascendencia, serio y definitivo como el matrimonio, con carencia absoluta de libertad en la facultad de disponer de los fines matrimoniales...».

Carnadas para atraer neófitos

«De los hare krishna ―contaba Verónica Molina (en entrevista personal del 15 de abril de 1981])― me interesaba su "filosofía", pero me hizo entrar en la secta un devoto muy guapo, un líder francés que vino a Palma de Mallorca. Para engancharte usan el atractivo personal, por eso te ponen siempre delante a líderes bien parecidos y atrayentes».

Venta y uso de armas

Los hare krishna son otra de las sectas que han tenido frecuentes problemas con la policía por su amor por las armas. La primera detención, conocida, por posesión ilegítima de armas por parte de líderes de la secta, ocurrió en el templo alemán de Rettershof (Taunus), en 1974. Pero en Estados Unidos los casos fueron mucho más frecuentes. En la comuna de New Vṛndāvan (Virginia Occidental), según la policía de la zona, la secta ha llegado a organizar su propia guardia, patrullando por la finca armada con fusiles de combate AK-47 y fusiles antidisturbios.

El presidente del templo de Gainsville (Florida), según otro informe policial, se dedicaba a vender armas a través de anuncios en diarios locales. Un miembro del templo de Los Ángeles tenía registradas a su nombre 23 pistolas. En la detención de un devoto de Krishna, Dennis Lee Richardson, se encontraron ocho fusiles y escopetas escondidos en un armario. El detenido era uno de los adeptos que formaba parte de la operación «Sargent Peppers’ Guns», destinada a fabricar munición a gran escala para uso de la secta. Cuando la policía registró la granja «Mount Kailasa», encontró 17 fusiles, 1 fusil de combate AR15, 3 escopetas de motín con el cañón recortado, 1 lanzagranadas, cajas con miles de balas (excluyendo la munición para armas automáticas que ya se había sacado de la finca la noche anterior), blancos de silueta, arcos y flechas, manuales paramilitares (El libro de diseño de armas camuflables, Técnicas de hostilización, Armas invisibles, La pistola de combate, y otros por el estilo), etc. Estos son solo una muestra de algunos de los casos protagonizados por los hare krishna.

En España, por la mayor dificultad que hay con respecto a Estados Unidos para obtener armas, estos excesos armamentistas no pueden darse, pero no será por falta de ganas.

Notas

  1. «Obediencias» (sic por ‘reverencias’). Esta es una típica mala traducción krishna de la palabra inglesa «obeisances», que significa literalmente ‘reverencias’.
  2. Un caso en Costa Rica: a principios los años ochenta el hijo de un devoto (Pradyumna Dasa) murió por haber sido medicado por un curandero naturista costarricense apellidado Torres. Los hare krishna generalmente tienen desconfianza en la medicina occidental, y en ausencia de la medicina aiurvédica utilizan los servicios de homeópatas, naturópatas, etc. El «médico» diagnosticó «suciedad en la sangre», recetó una dieta de pepinos y el niño falleció a los pocos días, nunca supimos de qué.
  3. Esto es una tontería, lo más probable es que el devoto argentina estuviera bromeando.

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